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martes, 17 de marzo de 2009

Al margen de la ley, por Guadalupe Carmona


Varios músicos de Córdoba apoyan el manifiesto que se ha creado a nivel nacional para pedir una regularización del sector, al que creen poco valorado, discriminado y menos ayudado que otras artes.
Son artistas, sí, pero también trabajadores.
Esto es lo que vienen a decir los músicos, técnicos y promotores de toda España, hartos de que su profesión no sea reconocida como tal, de que no tengan un lugar específico en las categorías laborales de la Seguridad Social, de que su materia no esté considerada cultura o de que las ayudas públicas que se destinan para su creación sean inferiores a las dirigidas a otros sectores.

Por ello, a finales del pasado mes de enero se reunieron en Madrid varios colectivos, como la Asociación Estatal de Salas de Música en Directo (ACCES), la de Promotores Musicales (APM), la de Representantes Técnicos del Espectáculo (ARTE), más otras entidades y artistas como Miguel Ríos o Carmen París, y firmaron un manifiesto “por una Ley de la Música” que entregaron al director general del Instituto Nacional de Artes Escénicas, con la esperanza de que el gobierno haga de este proyecto legislativo una realidad.



“Con el culo al aire”

Más que nada porque esta petición no es nueva y la creación de una ley para este sector fue una promesa electoral del PSOE en su anterior legislatura. “En el momento en el que estamos ahora, con la crisis económica, no creo ni que nos hagan una ley ni que se consigan algunas de las cosas que se piden”, dice tajante el músico Yonka Zarco. Él, como otros artistas cordobeses, comparten con los colectivos y cantantes antes citados la necesidad de una ley que regularice el sector porque “estamos con el culo al aire. Yo llevo veintitantos años con la música, diez dedicándome a ella como profesional, y de esos años no tengo nada cotizado en la Seguridad Social”, relata.

Además, muchas tareas del músico ni siquiera están remuneradas, como las apariciones en televisión, según Rakel Winchester: “no he ganado ni un duro con ellas. Lo único que se cobra son los conciertos, y en ellos te tienes que dar de alta como autónomo y dar de alta en la Seguridad Social a los músicos”, explica. Y todo estando sujeto a “unos contratos que nunca sabes bien lo que ponen o lo que dejan poner”.

Con este panorama, las actuaciones en auditorios o salas son las únicos vías para que el músico se pueda ganar la vida, pero si cada ayuntamiento pone requisitos distintos para estos espacios, más de uno acaba cerrando, como ha pasado en numerosas ocasiones, por lo que los artistas piden una homologación de las licencias para estos locales.



De la ópera al hip-hop

También se exige desde el sector una línea de ayudas para la creación y rehabilitación de espacios para la música en directo, para que se equipare al trato que recibe la red de teatros alternativos del país, y cosa que en Córdoba vendría estupendamente por “no haber una sala decente”. Pero de esto también desconfía Zarco, recordando que a veces estas ayudas dependen de la rentabilidad del proyecto y “yo que he sido promotor un tiempo, sé que a veces la rentabilidad es cero. No sé hasta qué punto esto es factible”.

Lo que sí lo es, al menos, es el reconocimiento de todas las músicas como cultura, algo que los artistas que han realizado el manifiesto solicitando un Estatuto del Músico, un Código de Buenas Prácticas y las cuestiones anteriormente citadas, exigen. “La música no está valorada, y no creo que el hip hop u otros estilos estén considerados cultura, cuando lo son, al igual que la ópera”, apunta Winchester.



Trabajador versus artista

En cambio, hay quien no comparte al cien por cien esta unión del mundillo y estas valoraciones, diferenciando entre quienes son trabajadores de la música, y quienes son músicos, que no es lo mismo. El vocalista de Deneuve, Adolfo Carrillo, es uno de los que pone esa nota discordante añadiendo que le parece estupendo “dignificar las condiciones de cualquier trabajador, pero no que nos engañen con que estas reivindicaciones tienen que ver con el desarrollo de la cultura, porque muchas veces están reñidas con ella. El trabajador de la música tiene en el 90 por ciento de los casos unas ataduras comerciales que están en contra del arte y la música”.

Cuestiones que han provocado que Pepe Atance no se dedique precisamente de manera profesional a la música “porque no me gusta como está”, y, aunque no quiere opinar sobre el solicitado Estatuto del Músico, considera que algunos cambios sí son necesarios y posibles con organización “como la que han tenido los actores, porque esto es una cuestión de gremios, de reunirse y de organizarse”. Otros, como el fin de la piratería, al que Atance hace referencia, habría que dedicar otro escrito.

Yonka Zarco, en solitario

La Reserva, ese grupo de la movida cordobesa que tanto éxito cosechó en su momento y que ha regresado al escenario local, tiene en activo a Yonka Zarco y Pepe Atance, que actuarán en primavera con la banda.

Pero Zarco, además, desvela que pronto habrá más noticias suyas en el terreno musical. Esto es, que está preparando y grabando “un repertorio nuevo que voy a dar a conocer como solista”, cuenta. En él habrá diferentes colaboraciones y, previsiblemente, se podrán escuchar en unos cuatro meses: “quiero enseñar este trabajo antes del verano”, manifiesta el músico.

Mientras, la provocadora Rakel Winchester continúa difundiendo su segundo disco, Rutina Matrimonial, y Deneuve cosechando éxitos con su cuarto álbum, El codazo de Tassotti, que algunas revistas culturales de ámbito nacional han considerado como uno de los mejores discos del pasado 2008 -aunque salió publicado en 2007-.
Información: La Calle de Córdoba


jueves, 12 de febrero de 2009

Los grupos cordobeses se enfrentan a la crisis



Pese a que la venta de discos sigue cayendo, Estirpe, Felipe Conde, Vega, Los Aslándticos y Limousine presentan nuevos trabajos


Los datos dicen que cada vez se venden menos discos. En concreto, los españoles se han gastado en comprar cd’s en 2008 un 12,5 por ciento menos que en el ejercicio anterior, según la asociación de los productores de música Promusicae. Pero los artistas cordobeses no se achantan al ver las cifras y desafían a los datos y a la deprimente crisis con nuevos discos. “No somos valientes por enfrentarnos a esta mala situación, es que es nuestro trabajo”, dicen Felipe Conde, Vega, Los Aslándticos, Limousine y Estirpe, algunos de los músicos locales que estrenan o preparan álbum en 2009.



Conde vuelve a estar solo

Precisamente, los primeros en sacar disco han sido Estirpe, que han empezado el año firmando su sexto trabajo llamado Buenos días voluntad. Un álbum “muy maduro y rockero como siempre, pero entendiendo el rock como una filosofía musical”, cuenta Manuel Ángel Martín, su vocalista. Para distinguirse y así hallar un hueco en el salvaje panorama, el disco está repleto de “buenas melodías y buenas letras”, como es habitual en la banda, comprometidas, profundas y claras.

Y claras son también las diez nuevas canciones de Felipe Conde, que retoma su carrera en solitario. “Carmelo Vial me propuso volver, y dicho y hecho”. Lo hace con V, su quinto trabajo en solitario (aunque tiene siete en total, contando los discos de Leyenda), y que, según el cantante, no se parece en nada al trabajo del anterior Felipe Conde. “Quería que fuera distinto, y contiene una mezcla importante de melodías ochenteras, que están muy de moda. Suena muy moderno”, cuenta. Algo que se podrá comprobar en unas semanas, en las que su primer single, Qué más da, sonará en Canal Fiesta.



Precios “muy bajos”

En muy poco tiempo también comenzará a sonar Metamorfosis, el nuevo trabajo de Vega, que ha sido grabado en EEUU. “El 12 de febrero comenzamos la promoción, pero el disco físico llegará a las tiendas más tarde”, comenta la cordobesa, explicando la estrategia que va a seguir para hacer frente al mal momento económico que atraviesa todo el mundo y, por ende, la industria musical. “El disco va a ser muy barato, y cuando hablo de muy barato me refiero a que va a tener un precio por debajo de los 10 euros, para ayudar un poco a la gente con la crisis”, cuenta. Además, según ella la sociedad no quiere malgastar dinero, por eso va a promocionar Metamorfosis y a dar varios conciertos mucho tiempo antes de que el álbum esté físicamente en las tiendas. “Quiero que la gente lo escuche y comprueben que comprarlo no es malgastar el dinero”.

Con una filosofía similar, pero yendo más allá y utilizando Internet, Limousine prepara su tercer disco, para el que el grupo no se ha impuesto fecha límite de edición. “Queremos innovar y correr algunos riesgos para sacar algo diferente, sonará más crudo y más a guitarra, y seguramente utilizaremos muchos recursos en el estudio”, apunta Daniel Torrejimeno, componente de la banda. Además, el grupo tiene ya cerradas varias entrevistas con sellos discográficos para estudiar la salida comercial del disco, aunque el objetivo de Limousine no es el de vender, sino el de tocar.



En negociaciones

Por ello, la banda descargará su trabajo seguramente en Internet, que además de acercar la música a todo el mundo supone que ésta no muera con su soporte, como puede ocurrirle al CD dentro de unos años.

Aunque, antes de que esto ocurra, Los Aslándticos habrá sacado su segundo disco. De hecho, y tras los desencuentros comerciales que la banda ha tenido con su anterior productor, Manuel Ruiz Queco, el grupo está negociando con diferentes compañías discográficas para editar su trabajo, y parece que las negociaciones pintan bien. El deseado disco “tendrá el color de Los Aslándticos, aunque será más rockero y duro”, dice Mario Díaz. Como duro está resultando sacar este segundo trabajo, que lleva años cociéndose. Esperemos que los resultados de éste y de los discos del resto de cordobeses no sean tan costosos.

Informacion: La Calle de Córdoba.
Guadalupe Carmona

lunes, 19 de enero de 2009

Desmontando los 80: Mucha ‘movida’ pero pocas oportunidades, por Julia Zafra

Foto: Juan José Romero

Córdoba vivió en los ochenta su particular eclosión cultural pero “no fue la panacea”. Artistas y políticos rememoran el compromiso de aquella época pero afirman que el panorama cultural presente ofrece más posibilidades al creador

Libertad, conocimiento y lucha”. Mensajes comprometidos como el de la obra de Tàpies, recogida en la exposición Aquellos ochenta, que hasta el 28 de febrero permanecerá en la Galería Clave, es lo que la llamada Era Dorada ha aportado a la historia. Ruptura, innovación, vanguardia, y, sobre todo, cambio, los ochenta son hoy sinónimo de efervescencia cultural.

En Córdoba, enterrados los últimos ribetes del franquismo y al amparo de la llamada Movida madrileña, se dio rienda suelta a la creatividad contenida y nuevos nombres e iniciativas comenzaron a animar el erial que era la ciudad. Ésta vive entonces una eclosión cultural nunca vista: en 1986 reabre sus puertas un remozado Gran Teatro, 32 compañías aúnan sus esfuerzos en la Federación de Teatro Independiente y se pone en marcha la Bienal Internacional de Fotografía, el Festival de la Guitarra y, al final del decenio, los talleres de Pedro Roso en la Posada del Potro, sentando las bases del panorama que se conoce hoy día. Pero, ¿qué queda de aquel espíritu rompedor? ¿Realmente era más dinámica la cultura de entonces que la actual? Artistas y políticos cordobeses que estuvieron en activo hace 25 años reconocen el compromiso ideológico y las ganas de entonces, pero aseguran que lo demás es más bien leyenda.

Así que el veredicto es unánime: todos echan de menos el ímpetu ochentero pero miran hacia adelante y abogan por la cultura del presente.

Escritores intramuros

Autores actuales como Juana Castro ya tenían en los ochenta una dilatada trayectoria. La poeta evoca los grupos de poesía Zubia, Cábila y Antorchas de paja, las tertulias de la Fundación Paco Natera y el reconocimiento de Cántico. 1984 fue el año de uno de sus miembros, Pablo García Baena, al que se le nombra hijo predilecto y se le concede la medalla de oro de la ciudad, mientras que 1987 es el del III Encuentro de Poetas Andaluces, tarea en la que colaboró José Luis Villegas, “que estaba metido en harina con nosotros”, apostilla la escritora.

Las facilidades comunicativas que brinda Internet, antes se solventaban con revistas como aquella Boronía o colgando carteles y repartiendo octavillas a quien cruzara por la calle. Ese espíritu romántico ha desaparecido, lamenta Castro, pero según añade, “ningún tiempo pasado fue mejor”. En el lado positivo de la balanza destaca que en la actualidad hayan aumentado tanto los hábitos como la iniciativa privada y los escritores que publican fuera de Córdoba, pues ella fue una de las pocas que lo consiguió gracias al premio Juan Ramón Jiménez, que obtuvo en 1989.

Una idea ésta que comparte Pablo García Casado, poeta que surgió de la cantera de los talleres de Pedro Roso en la Posada del Potro, la única iniciativa que añora por su “formación y continuidad”.

Por lo demás, “los libros centrales no se podían conseguir aquí, ni siquiera en la biblioteca”, asegura García Casado. Por eso afirma convencido que a una persona ávida de literatura le satisface más el panorama actual: “Hay una agitación cultural bestial, el doble o el triple de la que había antes”, concluye.

El arte que carecía de apoyo

En arte ocurrió lo mismo. “La efervescencia tuvo que ver más con las ansias de cambio que con lo que pasó en la realidad”, señala Jacinto Lara.

Antes no había ni apoyo ni galerías. Los únicos espacios donde se podía exponer eran Estudio Jiménez, Cajasur, la Posada del Potro y algún rincón del Ayuntamiento y la Diputación, por lo que los artistas decidieron actuar por su cuenta.

Así, al margen de lo que se cocía en las instituciones, fundaron la Asociación Sindical de Artistas Plásticos, incluyendo por primera vez a fotógrafos. La lista era interminable y comprendía a nombres como Antonio Povedano, Pepe Morales, López Obrero, Pepe Duarte, Miguel Cosano y el mismo Lara quien describe con nostalgia una muestra que organizaron en los jardines de República Argentina.

Porque se trabajaba en la calle y de forma colectiva. Los artistas eran radicales que abordaban temas crudos, bestias y “comprometidos”. De ahí que Lara prefiera “a nivel de crecimiento personal, aquel momento. Si no hubiera habido ochenta tendríamos que invertarlos porque somos consecuencia de ellos como de la resistencia de los noventa”, dice.

No obstante, a nivel artístico, Lara alaba la cultura del presente: “Me alegro de que los creadores jóvenes tengan más oportunidades. Aquello no fue la panacea. No es cierto que aquel fuera un tiempo mejor, sólo había más ganas de hacer y lo hacíamos los artistas de forma autónoma. Hoy las riendas del arte las han tomado las instituciones”, apostilla.

Ritmos estridentes en el hogar familiar

En los ochenta se pasó de no poder hacer nada a poder hacerlo todo. Los jóvenes se juntaban en las casas para ensayar, pegados a la radio a la hora de Diario Pop. Leían los últimos números de Disco Express y los grupos locales sonaban en las emisoras -“entonces era lo mejor que te podía pasar”-. Las tribus urbanas invadían los bares de la ciudad con cardados que desafiaban la ley de la gravedad y prendas ajustadas de combinaciones imposibles, y los festivales de música, como la extinta Muestra Poprockera del Teatro de la Axerquía, comenzaban a crear afición. “Estábamos tocados por el sello de la apertura y eso marcó las ganas de hacer. Parecía que todo era posible”, recuerda Pepe Atance, de las bandas La Reserva y Colectivo Paralelo y artífice de la web www.hechoencordoba.com.

Hoy la añorada muestra ha desaparecido pero la oferta musical se ha diversificado y multiplicado, cree Atance. Ahí están La Noche Blanca del Flamenco, Eutopía o Sound’akí demostrando “que el apoyo a la música no se ha perdido”.

A su juicio, las canciones de entonces se han erigido en himnos y es difícil encontrar cantantes con el carisma y la idiosincrasia propia de los de hace 30 años, pero como dj y productor musical Atance admite que “hoy es mejor momento para hacer música. Hay locales para ensayar y facilidades para grabar y para que te escuchen, igual que lo mejor está por venir una vez pasemos esta época de sociedades generales de autores y se haga una criba entre todos los que quieren ser artistas”, indica.

¿Qué ha cambiado y qué se conserva?

Uno de los políticos más decisivos de esta época en Córdoba fue José Luis Villegas, quien estuvo al frente de la delegación de Educación, Cultura y Ocio durante la corporación democrática 1983-1987. Villegas afirma que “la cultura actual debe mucho a la de los ochenta”. Los grandes eventos culturales de la actualidad como el Festival de la Guitarra y la Bienal Internacional de Fotografía se gestaron entonces. Hoy, no existen unas Jornadas del Cómic como aquellas que pusieron a Córdoba en la cresta de la ola internacional, pero existe Animacor. Se mantiene el festival de blues, el Aula de Poesía y se ha enriquecido la oferta de los distritos.

Después de tres décadas, necesidades como las infraestructuras se han cubierto y auguran un revulsivo en la ciudad con el Palacio de Congresos, el C4 y el Teatro Góngora que, junto con el Gran Teatro y la Axerquía, “brindarán a Córdoba de una red de escenarios estables”.

En cambio, otras siguen pendientes. Para Villegas hay que incentivar los hábitos culturales de los ciudadanos, el mecenazgo y el apoyo a los creadores. “Hoy hay un Gran Teatro que se ha quedado pequeño para atender la demanda y una Orquesta que dispone de una programación sostenida en el tiempo y respaldada por el público, pero todavía falta por madurar un buen programa de música, teatro y danza contemporánea y sobran algunas manifestaciones demasiado cordobesas con las que se incurre en un provincianismo impropio de la cultura de la globalización”, asegura.

Por lo demás, parece que lo único que queda de aquella cultura se ciñe a sus protagonistas, los artistas que no han perdido la visión romántica, entre ellos los que aquí aparecen. Como explica Villegas, “aquel contexto tenía elementos más genuinos que se han descafeinado un poco. Sin embargo, hoy hay más oferta cultural, más capacidad de producción y más recursos que antes teníamos que paliar con voluntarismo e imaginación. Hoy tenemos los recursos, pero carecemos de ese voluntarismo”, zanja.

Semanario La Calle de Córdoba